sábado, noviembre 10

El reto del historiador

« Ya había oído hablar del profesor Niall Ferguson mucho antes de que decidiera explorar a fondo los argumentos de su “Coloso” sobre el auge y la decadencia del imperio americano [...] Su meta es comprender la situación actual americana partiendo de la premisa de que “los dilemas ante los que se encuentra Estados Unidos tienen más en común con los últimos césares que con los de los padres fundadores”. El Imperio Romano como parangón, y como reclamo a una política internacional indecisa, ajustada a la tradición británica, que le hace decir a Bush, tras la invasión de Iraq, “no somos una potencia imperial; somos una potencia liberadora”. Frente a esa confusión de objetivos y medios, el autor bucea en la tradición americana con el fin de desmitificar la retórica que convierte a Estados Unidos en una potencia hegemónica mundial, al frente de la cual se sitúa un presidente, que pacta con el Senado y el Congreso la declaración de guerra; así fue en el siglo XX con Wilson cuando atacó al Káiser, con Roosevelt al entrar en guerra con Alemania y Japón, y también lo es con Bush que los necesita en un nuevo orden en Asia Central y Oriente Próximo. ¿Por qué esas actuaciones provocan tanta preocupación en el autor?
“El argumento a favor de un imperio americano tiene dos aspectos: su existencia práctica y las ventajas potenciales de un imperialismo estadounidense”, escribe Ferguson sin pestañear. Es mejor el imperio que cualquier otra cosa. Su desaparición, añade, traería consigo la apolaridad, que a su vez desembocaría “no es la utopía pacifista que defienden sus promotores, sino en una anárquica edad de las tinieblas”. Esta advertencia sobre un futuro presidido por la “proliferación de vacíos regionales de poder” recuerda el diagnóstico de Roberto Vacca y Umberto Eco del retorno a una nueva Edad Media...

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¿Qué hacer por tanto a principios del siglo XXI para que no desaparezcan los grandes sistemas que han construido la sociedad actual? A juicio de Ferguson sólo hay una salida, “la revaluación del lugar de Estados Unidos en el mundo”, aunque esa idea parece cada vez más difícil, pues concluye su alegato “aunque los bárbaros ya han llamado a su puerta, una vez y de modo espectacular, en este caso parece más probable que la decadencia imperial vendrá de dentro”.

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Si es cierto que la herencia de los grandes historiadores, Tucídides, Maquiavelo, Gibbon o Burckhardt empuja a pensar el mundo actual en términos de alarma, entonces también es cierto que el siguiente paso consiste en buscar en el pasado explicaciones a un colapso que parece a punto de producirse ».




José Enrique Ruiz-Domènec