viernes, septiembre 30

Ganar fortaleza

"Una vida que funcione con excesiva comodidad nos adormece. El viaje mítico de la vida de cada persona requiere de obs­táculos y de un ego que, de vez en cuando, quede sumer­gido junto a sus pretensiones en la ciénaga del devenir, de modo que, cuando resurjamos del barro, lo hagamos más libres y sabios. Necesitamos atravesar pasos estrechos, recibir acicates, vivir complicaciones que nos impulsen, exijan y muevan de nuestro lugar de comodidad. Somos requeridos por pasajes hacia lo desconocido. Escuchamos la voz de nuestra misión interior para que la concretemos en el mundo. La mayoría de las personas reconocen fácil­mente al menos un área de su vida como compleja, difí­cil, frustrante o exigente: la pareja, los padres, la salud, el trabajo, el dinero, los hijos, el propio carácter, algunas emociones... ¡Caballos de batalla! 


Tener dificultades puede, por tanto, resultarnos muy útil. Tal vez no las deseemos, pero las necesitamos. Con suerte, nos hacen más humildes y humanos: adelgazan el ego y enseñan que, en lo esencial, no somos aquello en lo que nos invertimos o con lo que nos identificamos. Cuando no nos parten ni nos destruyen, nos hacen más fuer­tes. Como lo expresaba Nietzsche: «Lo que no nos mata nos fortalece». Las dificultades nos empujan a generar recursos, a madurar, a abandonar viejos postulados, a cambiar algunas gastadas visiones del mundo o de noso­tros mismos. Todo es transitorio, y muy a menudo somos expulsados de los viejos sofás en los que nos apoltrona­mos, como una invitación a afrontar el siguiente paso hacia delante. ¡Bienvenida, vida! "


Joan Garriga

Del libro DECIR SÍ A LA VIDA


viernes, septiembre 23

La carta de Freud

"Querido Schur, usted recordará nuestra primera conversación. Usted me prometió que me ayudaría cuando yo ya no pudiera soportar más. Ahora es sólo una tortura y ya no tiene ningún sentido". Es extraído de una carta de S. Freud, el contexto es que él padecía cáncer de mandíbula y sus dolores se fueron haciendo cada vez más insoportables, al otro día su médico le inyectó la dosis necesaria de morfina al Dr. Freud para que poco a poco durmiera de un sueño del que ya no iba a despertar, un 23 de septiembre de 1939 Freud se volvió inmortal.

domingo, septiembre 18

Cuando los padres nos quedamos huérfanos


"Hay un período 

cuando los padres 

quedamos huérfanos 

de nuestros hijos.  


Es que los niños crecen independientemente de nosotros,

como árboles murmurantes 

y pájaros imprudentes. 


Crecen 

sin pedir permiso a la vida. 


Crecen 

con una estridencia alegre 

y, a veces, 

con alardeada arrogancia. 


Pero 

no crecen todos los días, 

crecen de repente.


Un día se sientan cerca de ti 

y con una naturalidad increíble 

te dicen cualquier cosa 

que te indica que 

esa criatura de pañales, 

¡ya creció! 


¿Cuándo creció 

que no lo percibiste? 


¿Dónde quedaron 

las fiestas infantiles, 

el juego en la arena, 

los cumpleaños con payasos?


El niño crece 

en un ritual de 

obediencia orgánica 

y desobediencia civil. 


Ahora estas allí, 

en la puerta 

de la discoteca 

esperando no sólo que no crezca, 

sino que aparezca. 


Allí están 

muchos padres al volante 

esperando que salgan. 


Y allí están 

nuestros hijos, 

entre hamburguesas y gaseosas. 


Con el uniforme 

de su generación 

y sus incómodas 

y pesadas mochilas 

en los hombros. 


Allá estamos nosotros, 

con los cabellos canos. 


Y esos son 

nuestros hijos, 

los que amamos 

a pesar 

de los golpes de los vientos, 

de las escasas cosechas de paz, 

de las malas noticias 

y la dictadura de las horas. 


Ellos crecieron amaestrados,

observando y aprendiendo 

con nuestros errores 

y nuestros aciertos. 


Principalmente 

con los errores 

que esperamos no se repitan.


Hay un periodo 

en que los padres 

vamos quedando 

huérfanos de los hijos. 


Ya no los buscaremos más 

en las puertas de las discotecas 

y del cine. 


Pasó el tiempo del piano, 

el fútbol, 

el ballet, 

la natación. 


Salieron del asiento de atrás 

y pasaron 

al volante de sus propias vidas.


Deberíamos haber ido más 

junto a su cama, 

al anochecer, 

para oír su alma respirando

conversaciones y confidencias 

entre las sábanas de la infancia, 

y a los adolescentes, 

cubrecamas de aquellas piezas 

con calcomanías, 

afiches, 

agendas coloridas 

y discos ensordecedores. 


Pero crecieron 

sin que agotáramos con ellos 

todo nuestro afecto. 


Al principio 

fueron al campo, 

la playa, 

navidades, 

pascuas, 

piscinas 

y amigos. 


Sí, 

había peleas en el auto 

por la ventana, 

los pedidos de la música de moda. 


Después llegó el tiempo 

en que viajar con los padres 

comenzó a ser un esfuerzo, 

un sufrimiento, 

no podían dejar a sus amigos 

y primeros enamorados.


Quedamos los padres 

exiliados de los hijos. 


Teníamos la soledad 

que siempre deseamos, 

y nos llegó el momento 

en que sólo miramos de lejos, 

oramos mucho 

(en ese momento 

se nos había olvidado) 

para que escojan bien 

en la búsqueda de la felicidad 

y conquisten el mundo 

del modo menos complejo posible.


El secreto es esperar. 


En cualquier momento 

nos darán nietos. 


El nieto 

es la hora del cariño ocioso 

y la picardía no ejercida 

en los propios hijos. 


Por eso, 

los abuelos 

son tan desmesurados 

y distribuyen 

tan incontrolable cariño. 


Los nietos 

son la última oportunidad 

de reeditar nuestro afecto. 


Así es. 


Los seres humanos 

sólo aprendemos 

a ser hijos 

después de ser padres; 

sólo aprendemos 

a ser padres 

después de ser abuelos. 


En fin, 

pareciera que 

sólo aprendemos a vivir 

después de que la vida 

se nos va pasando. ¡Disfrutemos de nuestros hijos en cada una de sus etapas mientras duremos vivos!"


Gabriel Garcia Márquez

sábado, septiembre 17

Amar un libro

“El amor por la lectura es algo que se aprende pero no se enseña. De la misma forma que nadie puede obligarnos a enamorarnos, nadie puede obligarnos a amar un libro. Son cosas que ocurren por razones misteriosas, pero de lo que sí estoy convencido es que a cada uno de nosotros hay un libro que nos espera. En algún lugar de la biblioteca hay una página que ha sido escrita para nosotros".


Alberto Manguel

viernes, septiembre 16

Saber ganar


 La vida ansía, para su propio crecimiento, que los padres ejecuten al menos cuatro movimientos básicos: dar la vida, cuidarla para hacerla crecer, entregarla a su propia autonomía y perseverar en el vínculo, sintiéndose, más y más, como raíces de un árbol que sigue dando frutos. Por tanto, tienen que entregar en algún momento al hijo a sí mismo, a su autonomía. A veces éste es un movimiento difícil y algunos padres se resisten a afrontarlo por temor a perder a su hijo, o porque quieren seguir protegiéndolo, o porque tratan de mantener al hijo muy cerca de ellos, como si no confiaran lo suficiente en que éste, tras ser entregado a su propia vida, se mantendrá igualmente hijo y cercano para siempre. Pero, por el bien de todos, deben darle el permiso para que vaya hacia su propia vida. Y, junto con ese permiso, otorgarle la confianza para que lo haga con el máximo bienestar posible, y hacerle sentir también que tiene los recursos necesarios para lograrlo.


Joan Garriga

del libro La llave de la buena vida. 

viernes, septiembre 9

Bailando juntos

"En una pareja no hay buenos y malos, sino que cada cual aporta su parte alícuota de responsabilidad en el buen o mal funcionamiento de la relación. Se trata de una comprensión no lineal, sino circular, de las relaciones humanas. Es decir, no es que tú seas una víctima y yo un agresor o viceversa, sino que entre los dos cocreamos una danza relacional en la que se activan, y a menudo se intercambian, dichas posiciones: pasamos de sentirnos víctimas a ser agresivos con el otro, o a querer cambiarlo o salvarlo, lo que activa nuestro miedo, que, a su vez, nos lleva de nuevo al victimismo; así, esta secuencia se perpetúa como una espiral de malestar interminable. Su reverso son las danzas favorecedoras y positivas: te sonrío y te reconozco, y, si realmente elijo estar contigo, te acepto tal como eres y no te someto a un juicio constante, lo cual activa en ti una mayor ternura hacia mí, que aumenta mi deseo de sonreírte y de tenerte cerca".


Joan Garriga