jueves, abril 30

El amor en la infancia

Complejo de Edipo 


"1- Experimentas por primera vez un afecto significativo, la persona en su entrega dedica todo su esfuerzo, atención, compañía para que estés y te sientas bien, eres amado, recibes amor y sucede gratuitamente en el sentido de que simplemente lo recibes por existir. Este amor primero define tu identidad: “Soy especial”, “soy único”, “soy maravilloso”, “soy todo y el otro es mío, el otro no existe, el otro soy Yo”. Ese amor nos coloca en narcisismo primario, ese amor nos provoca sentimientos de omnipotencia. Ese es el primer amor. Todos los demás amores son réplicas, representaciones o resonancias de este primer amor.


2- Ese amor intenso recibido provoca un deseo de unión con el objeto de amor. Sin embargo hay un deseo pero también una prohibición/limitación , ese amor intenso y fuerte, experimentado hacia los padres no puede expresarse eróticamente, hay una prohibición: amo a este individuo pero no puedo trasladar este amor a la esfera sexual. 

Es interesante que muchas parejas sólidas en su afecto y estables han dejado (o reducido significativamente) de tener contacto sexual, ¿están replicando ese amor primero, esa experiencia edípica? 

Por otro lado ¿Qué concreta el promiscuo cuando no puede limitarse ni reprimir sus impulsos sexuales y termina enredándose con quien se le presente? Al no regular esto ¿Acaso está satisfaciendo sus deseos de trasladar lo erótico a las figuras paternas? 

3 - ¿Por qué nos sentimos tan cómodos ante la imposibilidad de concretar una relación?, ¿por qué nos sentimos tan intimidados al momento de concretar una relación? El fantasma que mueve al amor romántico actual es el de la prohibición ante ese objeto de amor, ese amor imposible es el amor anhelado...

4- Ocurre otro momento psicológico importante, aparece otro individuo, arrebata atención y tiempo, amenaza la imagen omnipotente “soy todo”, “soy único”. Nuestro objeto de amor le da atención y entrega, al hacerlo estamos descubriendo que no somos únicos, que el otro individuo es más fuerte, es más hábil, es más grande, incluso podría desaparecernos, ese otro individuo nos quitará a nuestro objeto de amor pero no solo eso, al arrebatar a ese objeto nos arrebatará la identidad construida gracias a esa relación, dejaremos de ser omnipotentes, únicos y especiales. Entran los celos, la envidia, el enojo, la frustración, tememos a ese otro que nos puede desaparecer, le envidiamos y sentimos un profundo deseo de su desaparición, sin embargo también hay una prohibición: no puedo asesinar al individuo que me arrebata a mi objeto de amor, poder asimilar esta experiencia nos ayuda a incorporar la frustración, la derrota y la pérdida. He perdido a la madre como aspiración de objeto de amor sexual, he perdido al padre como objeto de admiración y seguridad, también me he perdido como individuo omnipotente. Al asimilar ambas prohibiciones, la autorregulación y la frustración queda una herida narcisista, nos rompimos, no somos perfectos, no seremos amados por existir, hay que ser dignos de amor, no podemos aspirar a ser eternamente amados, es momento de amar, por eso es que los narcisistas están imposibilitados para amar. 

5 - El deseo sexual sobre las figuras paternas queda latente, el amor se transforma en ternura, el amado se transforma en amante. Se sabe ahora que hay que ser dignos de amor, cuidando, considerando al otro, obedeciendo, aprendiendo del otro. No soy todo, soy un individuo frágil, vulnerable y común, soy mortal, soy falible, no soy omnipotente, incluso no hay un amor incondicional de mis objetos de amor primarios, necesito obedecer las reglas para tener su aprecio, aprender y seguir las reglas es lo que me hace responsable, me hace independiente, asumir gradualmente mi soledad me vuelve individuo: primero me daban de comer, luego había un plato en la mesa, posteriormente asumí la soledad cuando aprendí a cocinar, al hacerlo interioricé a mis figuras de amor, he dejado a mi padre y a mi madre porque ahora soy mi padre y mi madre, me cuido como ellos me han cuidado, me regaño y me exhorto como ellos lo harían, me amo como ellos me han amado. Quien no ha asumido la derrota, la pérdida y la soledad sigue añorando activamente la búsqueda de su figura paterna/materna, sigue pretendiendo lo imposible: restaurar la herida narcisista. No sabe estar solo.

¿Qué nos enseña la experiencia de elaboración edípica?

✅ A situar nuestro amor, a regularlo, a experimentar la ternura y darle cauce a lo sexual. 

✅ A ceder una parte del narcisismo, el individuo no es único, omnipotente, especial e imprescindible. Somos mortales, falibles, frágiles y vulnerables. Para enamorar a alguien especulamos sobre nuestra “divinidad”, para ser amados renunciamos a nuestra “divinidad” para humanizarnos. 

✅ A lidiar sanamente con los celos, la envidia y los deseos destructivos frente a aquellos que amenazan nuestros objetos de amor y nuestra identidad idealizada. Si aprendo del otro, puedo incorporar sus habilidades, interiorizarle, encontrarme conmigo mismo y con un poco de suerte encontrar alguien a quien darle mi amor."




Jonathan R. Ahumada.
Clínica de las Emociones. 





miércoles, abril 29

Triunfo inconsciente

"Lacan aquí acierta en que el inconsciente nunca triunfa mejor que al fracasar (1). Es un hecho que para ganar es necesario apostar. Pero la posibilidad no es una necesidad. Es aquí el punto donde lo contingente no es necesario, pero, lo que no es necesario que no sea, es posible que sea. Posible es ganar. Pero qué, cómo, cuándo, cómo y dónde, Dios solo sabrá."


martes, abril 28

Me caí del mundo


"Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables...!

Si, ya lo sé...

A nuestra generación siempre le costó botar.

¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!

Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

Yo no digo que eso era mejor.

Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra..

Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año.

El celular cada tres meses, el monitor de la computadora todas las navidades o el televisor cada año.

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida.

Es más, se compraban para la vida de los que venían después.

La gente heredaba relojes de pared, bicicletas, cámaras fotográficas, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

Tiramos absolutamente todo...

Ya no hay zapatero que remiende un zapato, ni colchonero que sacuda un colchón y lo deje como nuevo, ni afiladores por la calle para los cuchillos ni sastre que haga composturas.

De 'por ahí' vengo yo, de cuando todo eso existía y nada se tiraba.

Y no es que haya sido mejor.

Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y bote que ya se viene el modelo nuevo.

Hay que cambiar el auto cada 3 años porque si no, eres un arruinado. Aunque el coche esté en buen estado.

Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo. 

Pero por Dios. Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre.

Me educaron para guardar todo, lo que servía y lo que no.

Porque algún día las cosas podían volver a servir.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema:

Nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.

Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso a las  tradiciones) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes, el primer cabello que le cortaron en la peluquería.

¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? 

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.

El primer cajón era para los manteles y los trapos de cocina, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos.

Guardábamos hasta las tapas de los refrescos, los corchos de las botellas, las llavecitas que traían las latas de sardinas

¡Y las pilas...!

Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa.

Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.

No nos resignábamos a que se terminara su vida útil en un par de usos.

Las cosas no eran desechables,  eran guardables. 

¡Los diarios!

Servían para todo; para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia, para limpiar vidrios, para envolver. Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne o desenvolviendo los huevos que meticulosamente había envuelto en un periódico el tendero del barrio.

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer adornos de navidad.

Y las páginas de los calendarios para hacer cuadros.

Y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas.

Y los fósforos usados porque podíamos reutilizarlos estando encendida otra vela.

Y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.

Enderezábamos los clavos para reutilizarlos después.

Y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal.

Con el tiempo, aparecía algún pedazo derecho que esperaba a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.

Y hoy, sin embargo, deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de duraznos se volvieron macetas, portalápices y hasta teléfonos.

Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza y los corchos esperaban pacientemente en un cajón hasta encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.

Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables.

Que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.

De la moral que se desecha si de ganar dinero se trata.

No lo voy a hacer, no voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte en cuanto confunden el nombre de dos de sus nietos, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos en cuanto a uno de ellos se le cae la barriga, o le sale alguna arruga.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares...

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a mi señora como parte de pago de otra con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que ella me gane de mano y sea yo el entregado".


Eduardo Galeano



lunes, abril 27

No dejaré que Dios decida

"No dejaré que Dios decida el día de mi muerte. 
Voy a dejar este mundo sin sentirlo.

La vida ya no tiene nada que ofrecerme, 
lo he visto todo, lo he experimentado todo.
Pero sobre todo, odio la era actual, me enferma. 

Todo es falso, todo ha sido reemplazado, 
no hay respeto por la palabra dada, 
ahora todo lo que importa es dinero y riqueza. 

Sé que dejaré este mundo sin sentir pena por ello."


Alain Delon


domingo, abril 26

Espejismos

"Cada cabeza es un mundo. Eso es una realidad que nos enseñan desde que somos pequeños. Y es absolutamente indiscutible. Sobran los dichos que dejan eso en evidencia y nos ayudan a formar y comprender nuestra individualidad. Sin embargo, lo que no nos enseñan desde pequeños, porque es un tipo de conocimiento que se da por sentado; es que esos mundos convergen, rotan y en muchas ocasiones colisionan sin que estemos preparados para ello.

Entender la realidad del otro, se logra luego de comprender la propia. Eso de ponerte en los zapatos de los demás no es fácil si no puedes sentirte del todo cómodo con tus propios zapatos. Así que el trabajo de exploración se vuelve indispensable para poder convivir en un mundo lleno de mundos en movimiento e interacción. Cada circulo de nuestra vida una galaxia con sus propias reglas y su propio sol en torno al cual gira todo. De hecho en ocasiones nosotros mismos podemos jugar el rol del sol.

Estas características intrínsecas a la personalidad de cada uno de nosotros hacen que las relaciones por sólidas que sean, no puedan ser infinitamente estables. Hay demasiadas variables en juego como para que puedan serlo. Y frente a una colisión inminente, lo mejor será buscar la forma de cambiar tu órbita, y si eso no es posible, prepararte para el impacto, esperando no perder demasiado tras el choque. Para después continuar tu camino, ya sea con un nuevo satélite a tu lado, o completamente fuera de la órbita en la que estabas. Ese es el porcentaje de acontecimientos que están en manos del azar, es el wild card del Universo, y justo lo que hace que la vida sea una aventura absoluta que vale la pena ser vivida."

Carolina Herltz

sábado, abril 25

Una cuestión personal

«Porque un joven que, fiel a lo retorcido que hay en él, termina buscando pervertidos en las calle, un joven así tiene que poseer unos ojos, unos oídos y un corazón exquisitamente sensibles al terror que habita en lo más profundo del subconsciente.»


Kenzaburo Oé




viernes, abril 24

Mientras escribo

«Cuando he empezado un proyecto no paro, y sólo bajo el ritmo si es imprescindible. Si no escribo a diario empiezan a ponérseme rancios los personajes, con el resultado de que ya no parecen gente real, sino eso, personajes. Empieza a oxidarse el filo narrativo del escritor, y yo a perder el control del argumento y el ritmo de la narración. Lo peor es que se debilita el entusiasmo de crear algo nuevo; empiezas a tener la sensación de que trabajas, sensación que para la mayoría de los escritores es el beso de la muerte. Cuando se escribe mejor (siempre, siempre, siempre) es cuando el escritor lo vive como una especie de juego inspirado. Yo, si quiero, puedo escribir a sangre fría, pero me gusta más cuando es algo fresco y quema tanto que casi no se puede tocar.

[…]

Me gusta hacer diez páginas al día, es decir, dos mil palabras. En tres meses son 180.000 palabras, que para un libro no está mal; si la historia es buena y está bien contada, el lector puede perderse a gusto. Hay días en que salen diez páginas sin dificultad, y a las once y media de la mañana ya me he levantado y estoy haciendo recados como un ratoncito, pero a medida que me hago mayor abundan más los días en que acabo comiendo en el escritorio y terminando la sesión diaria hacia la una y media. A veces, cuando cuesta que salgan las palabras, llega la hora del té y todavía estoy trabajando. Me van bien las dos maneras, pero sólo en circunstancias muy graves me permito bajar la persiana antes de haber hecho las dos mil palabras ».


Stephen King





jueves, abril 23

Secreto a voces

« Rhea sintió deseos de chillarle a todos que se fueran de la casa. Tenía cosas sobre las que reflexionar, cosas que no podían quedar libres en su mente a causa de la presión de la gente. Eso le había producido un dolor de cabeza tan espantoso. Después de oír cómo se desvanecía el ruido del camión por la carretera, salió de la cama con cuidado, bajó las escaleras con igual cuidado, se tomó tres aspirinas, bebió toda el agua que pudo, midió el café y lo puso en la cafetera sin mirar había abajo.

Los huevos estaban sobre la mesa, en cestas. Tenían manchas de estiércol de gallina y trozos de paja pegados, que habría que quitar frotando con una esponja de acero.

¿Qué cosas? Palabras, sobre todo. Las palabras que le había dicho Wayne cuando la señora Monk salía por la puerta trasera.

“Me gustaría follarte si no fueras tan fea”.

Se visitó, y cuando el café estuvo listo se sirvió una taza y salió al porche lateral, inundado por la oscura sombra de la mañana. Las aspirinas empezaron a hacerle efecto y en lugar de dolor de cabeza sintió como un espacio en el cerebro, un espacio claro y precario rodeado por un leve zumbido.

No era fea. Sabía que no lo era. Aunque, ¿cómo podía estar segura?

Pero si era fea, ¿habría salido Billy Doud con ella? Billy se preciaba de ser amable.

Pero Wayne estaba muy borracho cuando se lo dijo. Los borrachos dicen la verdad.

Menos mal que no iba a ver a su madre aquel día. Si llegaba a sonsacarle lo que le pasaba —y Rhea no podía tener la certeza de que no lo hiciera—, querría que Wayne recibiera un escarmiento. Sería capaz de llamar a su padre, el sacerdote. Lo que la encolerizaría sería la palabra “follar”. No comprendería el asunto en absoluto.

El padre de Rhea reaccionaría de una forma más complicada. Culparía a Billy por haberla llevado a un sitio como la casa de Monk. Billy y los amigotes de Billy. Se enfadaría por lo del “follar”, pero en realidad se avergonzaría de Rhea. Siempre sentiría vergüenza de que un hombre la hubiera llamado fea.

No se puede intentar que los padres comprendan las verdaderas humillaciones.

Sabía que no era fea. ¿Cómo podía saber que no era fea? »


Alice Munro
Han llegado naves espaciales



miércoles, abril 22

Cartero

« Aunque G.G. conocía su caja de arriba abajo, sus manos se iban haciendo cada vez más lentas. Simplemente había manejado demasiadas cartas en su vida, y su cuerpo, con sus sentidos adormecidos, se estaba finalmente rebelando. Varias veces durante la mañana le vi vacilar. Se paraba y se tambaleaba, entraba como en un trance, luego se recuperaba y ordenaba algunas cartas más. A mí no es que me cayese particularmente bien. Su vida no había sido muy valiente y se había ido convirtiendo en algo así como una masa de mierda. Pero cada vez que vacilaba, algo me estremecía. Era como un fiel y pundonoroso caballo que no pudiese seguir por más tiempo. O un automóvil que se rindiese finalmente, una mañana ».



Charles Bukowski




martes, abril 21

A feast for crows

« He was surprised at how low the candle had burned. Had the bean-and-bacon soup been today or yesterday? Yesterday. It must have been yesterday. The realization made him yawn. Jon would be wondering what had become of him, though Maester Aemon would no doubt understand. Before he had lost his sight, the master had loved books as much as Samwell Tarly did. He understood the way that you could sometimes fall right into them, as if each page was a hole into another world ».



George R. R. Martin


lunes, abril 20

Hotel Savoy

« Busco los motivos de que me encuentre tan lejos de ella, y no los descubro. Busco reproches, ¿qué podría reprocharle? Aceptó las flores de Alexander y no las devolvió. Es estúpido devolver flores. Puede que esté celoso. Si me comparo con Alexander Böhlaug, veo que todo lo tengo a mi favor.

Y sin embargo estoy celoso.

No soy un conquistador ni un pretendiente. Si algo se me ofrece, lo tomo y luego lo agradezco. Pero Stasia no se me ofrecía. Quería ser asediada.

Entonces no comprendía —llevaba muchos años solo y sin mujeres— por qué las muchachas actúan de un modo tan solapado y tienen tanta paciencia y tanto orgullo. Stasia no sabía que yo no la hubiera tomado como un triunfador, sino con humildad y agradecimiento. Hoy comprendo que la vacilación es propia de la naturaleza de las mujeres, y que sus mentiras son olvidadas incluso antes de que se produzcan.

A mí me preocupaba demasiado el Hotel Savoy y las personas, me preocupaba demasiado la suerte de los demás y demasiado poco la mía propia. Ante mí tenía a una hermosa mujer que esperaba una palabra mía, y yo no la pronuncié, como un escolar azorado.

Yo estaba insensibilizado. Era como si Stasia tuviera la culpa de mi larga soledad, y ella no podía saberlo. Le reprochaba que no fuese una adivina.

Ahora sé que las mujeres adivinan todo lo que pasa en nosotros, pero que esperan palabras.

Dios puso la vacilación en el alma de la mujer.

Su presencia me excitaba. ¿Por qué no venía a mí? ¿Por qué permitía que la acompañara el oficial de policía? ¿Por qué me pregunta si todavía estoy aquí? ¿Por qué no dice: ¡gracias a Dios que estás aquí!?

Pero es muy posible que, cuando se es una pobre muchacha, no se diga a un pobre hombre: ¡gracias a Dios que estás aquí! Puede que se haya pasado ya el tiempo de amar a un pobre Gabriel Dan, que no tiene ni siquiera una maleta y mucho menos un hogar. Quizá sea ésta la época en que las muchachas amen a Alexander Böhlaug.

Hoy sé que la compañía del oficial de policía fue una casualidad y que la pregunta de Stasia era una confesión. Pero entonces estaba solo y amargado y me comportaba como si yo fuera la muchacha y Stasia el hombre.

Ella se vuelve aún más orgullosa y fría, y yo siento que la distancia entre nosotros es cada vez mayor; me doy cuenta de que cada vez nos sentimos más extraños el uno al otro.

—Seguro que me voy dentro de diez días —digo.

—Si va usted a París, mándeme una postal.

—Con mucho gusto.

Stasia hubiera podido decir: ¡quiero ir contigo a París!

En lugar de ello me pide una postal.

—Le enviaré la Torre Eiffel.

—Haga lo que quiera —dice Stasia.

Y al decir esto no se refiere a la postal, sino a nosotros dos.

Es nuestra última conversación. Sé que es nuestra última conversación. Gabriel Dan, no puedes esperar nada de las muchachas. ¡Pobre Gabriel Dan!

A la mañana siguiente veo que Stasia baja de la escalera del brazo de Alexander. Ambos me sonríen…, yo estoy desayunando en la planta baja. Sé que Stasia acaba de cometer una enorme tontería.

La comprendo.

Las mujeres no comenten las tonterías como nosotros, por ligereza y por desidia, sino cuando son muy desgraciadas ».


Joseph Roth





domingo, abril 19

La lucha por la vida

«—Pero hubiera sido aún más terrible si llegan a hacer lo que querían, que era apagar las luces del teatro antes de echar las bombas —dijo Prats.

—¡Qué barbaridad! —exclamó Manuel.

—A oscuras hubieran muerto todos —añadió riendo Prats.

—No —exclamó Manuel levantándose—; de eso no se puede reír nadie, a no ser que sea un canalla. Matar así de una manera tan bárbara…

—Eran burgueses —dijo el Madrileño.

—Aunque lo fueran.

—Y en la guerra, ¿no matan los militares a gente inocente? —preguntó Prats—. ¿No disparan sobre las casas con bala explosiva?

—Pues los que hacen eso son tan canallas como el otro.

—Éste, como ya tiene su imprenta —dijo el Madrileño con sorna—, se siente burgués.

—Por lo menos, no me siento asesino. Ni tú tampoco.

—Una de las bombas no estalló —dijo Skopos—, cayó sobre una mujer muerta por la primera bomba. Por esto, la carnicería no fue mayor.

—¿Y quién hizo esa bestialidad? —preguntó Perico Rebolledo.

—Salvador.

—Ese sí que tendría las entrañas negras…

—Debía ser un fiera —dijo Skopos

—. Él se escapó del teatro en el momento del pánico, y al día siguiente, cuando el entierro de las víctimas, parece que se le ocurrió subir a lo alto del monumento de Colón con diez o doce bombas, y desde allí irlas arrojando al paso de la comitiva.

—No comprendo cómo se puede tener simpatía por hombres así —dijo Manuel.

—Mientras estuvo preso —siguió diciendo Skopos—, hizo la comedia de convertirse a la religión. Los jesuitas le protegieron, y allí anduvo un padre Goberna solicitando el indulto. Las señoras de la aristocracia se interesaron también por él, y él se figuraba que le iban a indultar… Pero cuando le metieron en capilla y vio que el indulto no venía, se desenmascaró, y dijo que su conversión era una filfa. Tuvo una frase hermosa: ¿y tus hijas? —le dijeron—. ¿Qué va a ser de tus pobrecitas hijas? ¿Quién se va a ocupar de ellas? “Si son guapas —contestó él—, ya se ocuparán de ellas los burgueses”.

—¡Ah!... Es bien… Es bien… —gritó Caruty, que hasta entonces había estado silencioso e inmóvil—. Es bien… le grand canaille… Es bien… Es una frase…

—Yo asistí a la ejecución de Salvador —siguió diciendo Skopos— desde un coche de la Ronda; cuando subió al patíbulo iba cayéndose…; pero ¡la vanidad lo que puede!...; el hombre vio un fotógrafo que le apuntaba con la máquina, y entonces levantó la cabeza y trató de sonreír… Una sonrisa que daba asco, la verdad, no sé por qué…. El esfuerzo que hizo le dio ánimos para llegar al tablado. Aquí trató de hablar; pero el verdugo le echó una manaza al hombro, le ató, le tapó la cara con un pañuelo negro, y se acabó…. Yo esperé a ver la impresión que producía a la gente. Venían obreros y muchachas de los talleres, y todos, al ver la figurilla de Salvador en el patíbulo, decían: ¡Qué pequeño es! Parece mentira.

Y hablaron de otros anarquistas, de Ravachol, de Vaillant, de Henry, de los de Chicago… Había oscurecido y siguieron hablando… Ya no eran las ideas, eran los hombres los que entusiasmaban. Y entre su humanitarismo exaltado y su culto de sectarios por una especie de religión nueva, aparecía en todos ellos, saliendo a la superficie, su fondo de meridionales, su admiración por el valor, su entusiasmo por la frase rotunda y el gesto gallardo…

Manuel se sentía inquieto, profundamente disgustado en aquel ambiente.

Y todos los domingos aumentaba el número de adeptos en “La Aurora roja”. Unos, contagiados por otros, iban llegando… Y crecía el grupo anarquista libremente, como una mancha de hierba en una calle solitaria…»

Pío Baroja
Aurora roja

sábado, abril 18

Desgracia

«Nunca ha sido ni se ha sentido muy profesor; en esta institución del saber tan cambiada y, a su juicio, emasculada, está más fuera de lugar que nunca. Claro que, a esos mismos efectos, también lo están otros colegas de los viejos tiempos, lastrados por una educación de todo punto inapropiada para afrontar las tareas que hoy día se les exige que desempeñen; son clérigos en un época posterior a la religión.

Como no tiene ningún respeto por las materias que imparte, no causa ninguna impresión en sus alumnos. Cuando les habla, lo miran sin verlo; olvidan su nombre. La indiferencia de todos ellos lo indigna más de lo que estaría dispuesto a reconocer. No obstante, cumple al pie de la letra con las obligaciones que tiene para con ellos, con sus padres, con el Estado. Mes a mes les encarga trabajos, los recoge, los lee, los devuelve anotados, corrige los errores de puntuación, la ortografía y los usos lingüísticos, cuestiona los puntos flacos de sus argumentaciones y adjunta a cada trabajo una crítica sucinta y considerada, de su puño y letra.

Sigue dedicándose a la enseñanza porque le proporciona un medio para ganarse la vida, pero también porque así aprende la virtud de la humildad, porque así comprende con toda claridad cuál es su lugar en el mundo. No se le escapa la ironía, a saber, que el que va a enseñar aprende la lección más profunda, mientras que quienes van a aprender no aprenden nada.»



J. M. Coetzee





viernes, abril 17

Luz de agosto

«Pero ahora comprendo la razón —piensa Byron—. Es porque un hombre teme más a lo que pueda sobrevenirle que a los sufrimientos que ya ha padecido. Prefiere aferrarse a los sufrimientos que ya ha padecido para no arriesgarse a un cambio. Sí. Un hombre hablará de su deseo de escapar a los vivos. Pero los más peligrosos son los muertos. Porque de los muertos no se puede escapar; de los muertos que yacen tranquilamente en alguna parte y que no tratan de retenerlo.»


William Faulkner



jueves, abril 16

La excepción

«—Estaba completamente cambiado: la voz, el pelo, la ropa… Se está convirtiendo en un hombre nuevo sin mí, está cambiando junto a otro hombre y por él. Cuando llegaba del extranjero también estaba cambiado durante dos, tres días, como si todavía no hubiese regresado del todo. A veces le preguntaba si su alma no estaría de travesía en una barca a remo por el océano. Hace cuatro días todavía éramos amantes y ahora él ya casi se ha ido por completo. 

La escritora deja los libros.

—El que se va ya nunca es el mismo, aunque vuelva ».



Auður Ava Ólafsdóttir



miércoles, abril 15

Mientras escribo


«Los alcohólicos erigen defensas como diques los holandeses. Yo me pasé los primeros doce años de mi vida matrimonial diciéndome que “sólo me gustaba beber”. También empleé la Defensa Hemingway, famosa en el mundo entero. Nunca se ha expuesto con claridad (porque no sería de machos), pero consiste más o menos en lo siguiente: soy escritor, y por lo tanto muy sensible, pero también soy un hombre, y los hombres de verdad no se dejan gobernar por la sensibilidad. Eso sería de maricas. En conclusión, que bebo. ¿Hay alguna otra manera de afrontar el horror existencial y seguir trabajando? Oye, y que no pasa nada, que controlo. Como buen machote ».


Stephen King



martes, abril 14

Inteligencia triste

"La tristeza es causada por la inteligencia, cuanto más entiendes ciertas cosas, más desearías no comprenderlas".


Charles Bukowski



lunes, abril 13

Modos de ver

«La publicidad nunca es el elogio de un placer en sí mismo. La publicidad se centra siempre en el futuro comprador. Le ofrece una imagen de sí mismo que resulta fascinante gracias al producto o a la oportunidad que se está intentando vender. Y entonces, esta imagen hace que él envidie lo que podría llegar a ser. Sin embargo, ¿qué hace envidiable este lo-que-yo-podría-ser? La envidia de los demás. La publicidad se centra en las relaciones sociales, no en los objetos. No promete el placer, sino la felicidad: la felicidad juzgada tal por otros, desde fuera. La felicidad de que le envidien a uno es fascinante.

Ser envidiado es una forma solitaria de reafirmación, que depende precisamente de que no compartes tu experiencia con los que te envidian.»


John Berger


domingo, abril 12

La montaña del alma

« Era evidente que no lo había olvidado, pero pese a todo había seguido siendo mi amigo. Me di cuenta entonces de que también yo había cometido errores y que no sólo eran los demás los que me habían acusado injustamente. ¿Era un acto de arrepentimiento por mi parte? ¿Era el estado de ánimo que precede a la muerte?

No sabía si, en el curso de mi vida, era yo quien después de todo me había mostrado más ingrato con los demás, o bien los demás conmigo. Sabía que algunos me habían querido de verdad, como mi madre hoy ya fallecida, que otros me habían odiado, como mi mujer de la que me había separado, pero ¿para qué saldar viejas cuentas, ahora que me quedaba tan poco de vida? Para aquellos con quienes me había mostrado ingrato, mi muerte sería ya compensación suficiente, y por los demás nada podía ya hacer. La vida no es al fin y al cabo más que un nudo de rencores inextricables, ¿tendría por casualidad algún otro significado? Pero ponerle punto final así era realmente prematuro. Me di cuenta de que no había vivido jamás de forma conveniente y que, de poder prolongar mi existencia, cambiaría a buen seguro mi forma de vivir, a condición de que se produjera un milagro ».



Gao Xingjian



viernes, abril 10

La crisis de Albert Einstein

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”


Albert Einstein



jueves, abril 9

Contra el mundo

« La raza humana desaparecerá. Aparecerán otras razas, que desaparecerán a su vez. Los cielos serán glaciales y estarán vacíos; los atravesará la débil luz de estrellas medio muertas. Que también desaparecerán. Todo desaparecerá. Y los actos humanos son tan libres y están tan desprovistos de sentido como los libres movimientos de las partículas elementales.

¿El bien, el mal, la moral, los sentimientos? Meras «ficciones victorianas». Sólo existe el egoísmo. Frío, intacto y resplandeciente. […]

Es obvio que la vida no tiene sentido. Pero tampoco la muerte. Y es una de las cosas que hielan la sangre ».


H. P. Lovecraft - Michelle Houellebecq. 





miércoles, abril 8

Los deseos de Pizarnik

"Proust, al analizar los deseos, dice que los deseos no quieren analizarse sino satisfacerse, esto es: no quiero hablar del jardín, quiero verlo. Claro es que lo que digo no deja de ser pueril, pues en esta vida nunca hacemos lo que queremos. Lo cual es un motivo más para querer ver el jardín, aun si es imposible, sobre todo si es imposible."


 Alejandra Pizarnik


martes, abril 7

La Gaya ciencia

"Cuando se escribe se pretende no sólo ser entendido, sino también —no es menos cierto— no ser entendido. Que alguien encuentre un libro ininteligible no es aun, de ningún modo, una objeción contra ese libro; quizá justo eso formaba parte del propósito de quien lo escribió, pues no quería ser entendido por “cualquiera”.

Cuando quiere comunicarse, todo espíritu y gusto dotado de cierta distinción elige también sus oyentes; al elegirlos traza al mismo tiempo sus barreras contra “los otros” ".


Friedrich Nietzsche 



lunes, abril 6

El arte de tener razón

"Lo habitual será que todos quieran que su afirmación sea la que prevalezca sobre las otras, aunque momentáneamente llegue incluso a parecerles falsa o dudosa. Los medios que uno tiene para conseguirlos son aquellos que su propia astucia y malignidad le proporcionan; se adiestran en la experiencia humana de la discusión.

Respecto a un asunto, puede tenerse, ciertamente, razón objetiva y sin embargo, a los ojos de los presentes o bien a los de uno mismo, parecer falto de ella. (…) En efecto, la verdad objetiva de una tesis y su validez en la aprobación de los contrincantes y los oyentes son dos cosas bien distintas.

¿Cuál es el origen de esto? La maldad del género humano. Si no fuese así, fuésemos puros por naturaleza, simplemente, intentaríamos que la verdad saliera a la luz en todo debate, sin preocuparnos en absoluto de si ésta se amolda a la opinión que previamente mantuvimos, o a la de otro; eso sería indiferente o en cualquier caso, algo muy secundario. 

Pero ahora es lo fundamental. La vanidad innata, que tan susceptible se hace ver en lo que respecta a nuestra capacidad intelectual, no se resigna a aceptar que aquello que formulamos primero resulte falso, y verdadero lo planteado por el adversario. Tras esto, cada cual no tendría otra cosa que hacer más que esforzarse por juzgar rectamente, para lo que primero tendría que pensar y luego hablar. 

Pero en la mayor parte de los seres humanos, junto a la vanidad natural también se hermanan la charlatanería y la innata improbidad. Hablan antes de haber pensado y aun cuando en su fuero interno se dan cuenta de que su afirmación es falsa y que no tienen razón, debe parecer, sin embargo, como si fuese lo contrario. 

El interés por la verdad, que por lo general muy bien pudo ser el único motivo al formular la supuesta tesis verdadera, se inclina ahora del todo al interés de la vanidad: lo verdadero debe parecer falso y lo falso verdadero.

Sin embargo, esa improbidad, el empeño en mantener con pertinencia una tesis, incluso cuando nos parece falsa, aún tiene una excusa. Con frecuencia, al comienzo de una discusión estamos firmemente convencidos de la verdad de nuestra tesis, pero ahora el contraargumento del adversario parece refutarla; dando ya el asunto por perdido, solemos encontrarnos más tarde con que, a pesar de todo, teníamos razón; nuestra prueba era falsa, pero podía haber habido una adecuada para defender nuestra afirmación: el argumento salvador no se nos ocurrió a tiempo. De ahí que surja en nosotros la máxima de luchar contra el razonamiento del adversario incluso cuando parece ser correcto y definitivo, pues, efectivamente, creemos que su propia corrección es ilusoria y que durante el desarrollo de la discusión se nos ocurrirá otro argumento con el que podremos oponernos a aquél, o incluso alguna otra manera de afirmar nuestra verdad. (…) Esto ocasiona que, por regla general, quien discute no luche por amor de la verdad, sino por su tesis (…)


ESTRATAGEMA 1. 

La amplificación. Se lleva la afirmación realizada por el adversario más allá de sus límites naturales, se la interpreta del modo más general posible, tomándola en su sentido más amplio, y también exagerándola. Luego, nuestra propia afirmación, en cambio, se la reduce a su sentido más mínimo, se la especifica, se la conduce a sus más estrechos límites, ya que cuanto más amplia o general sea una afirmación, a más ataques estará expuesta. (…)

Ejemplo 1. Hice la siguiente afirmación: “Los ingleses son la primera nación en lo que respecta al arte dramático”. El adversario intentó una instantia: “Que de todos era conocido que tanto en lo que a música se refiere, y por consiguiente, tampoco en la ópera, hubieran hecho algo de importancia”. Le repliqué recordándole que “la música no está incluida dentro de las artes dramáticas; éstas únicamente se refieren a la tragedia y a la comedia”; cuestión que él conocía muy bien, sólo que intentó generalizar mi afirmación para poder incluir en ella todas las representaciones teatrales, y por consiguiente, también la ópera y la música, con lo que me derrotaría con total seguridad.


ESTRATAGEMA 8. 

Irritar al adversario y hacerle encolerizar, pues obcecado por ella, no estará en condiciones apropiadas de juzgar rectamente ni de aprovechar las propias ventajas. Se le encoleriza tratándole injustamente sin miramiento alguno, incomodándole, y en general, comportándose con insolencia.


ESTRATAGEMA 9. 

Con preguntas se desea arribar a una conclusión determinada. No establecer las preguntas en el orden requerido por la conclusión, sino desordenadamente; el adversario no sabrá hacia dónde queremos ir, y tampoco estará preparado para prevenir la conclusión; además, dependiendo de cómo vayan resaltando sus respuestas, éstas podrán utilizarse para extraer diversas conclusiones, incluso contradictorias. (…)


ESTRATAGEMA 14. 

Cuando el adversario ha respondido varias preguntas sin favorecer la conclusión que teníamos pensada, se la enuncia y se la exclama (a la conclusión) triunfalmente, como si ya estuviese demostrada, aun sabiendo que no se sigue de las respuestas dadas por el adversario. Si éste es tímido o tonto, y nosotros poseemos suficiente descaro y una voz importante, la jugada puede ser exitosa. (…)


ESTRATAGEMA 16. 

(…) En el transcurso de la discusión nuestro adversario tuvo que haber realizado algunas afirmaciones. Tomamos una de tales afirmaciones y buscamos si se halla en contradicción con alguna de sus afirmaciones precedentes; o con los principios de alguna escuela o secta que él haya alabado o aprobado; también con hechos relativos a quienes pertenecen a dicha secta, o con los miembros falsos o supuestos, o con su propia conducta. Supongamos que él defiende el suicidio, entonces le podríamos espetar: “Bueno, pero ¿por qué no se ahorca usted?”. (…)


ESTRATAGEMA 18. 

Si notamos que en el transcurso de su argumentación seremos derrotados por nuestro adversario, debemos impedir que siga adelante con ella; no debemos permitir que la concluya, interrumpiendo o desviando la trayectoria de la discusión, encaminándola hacia otras cuestiones. Rápidamente le salimos al paso con una mutatio controversiae [cambio del tema de discusión].


ESTRATAGEMA 19. 

Si el adversario nos pide que aleguemos algo en contra de algún punto concreto de su afirmación, pero no contamos en ese momento con nada adecuado, tomamos el asunto de manera general y argumentamos así en su contra. Si debemos responder a la pregunta de por qué no es de fiar una determinada hipótesis física, hablamos de lo engañoso del ser humano y lo adornamos con todo tipo de ejemplos.


ESTRATAGEMA 23. 

La contradicción y la discordia motivan la exageración de la tesis. Contradiciendo al adversario podemos inducirlo a que lleve fuera de sus límites una afirmación que dentro de ellos hubiera podido ser verdadera. En cuanto hayamos refutado la exageración parecerá que refutamos también su primera tesis. En cambio, debemos guardarnos de que no se nos lleve a una mayor extensión de nuestra tesis empleando en contra nuestro mismo procedimiento. A menudo, el adversario intentará extender nuestra afirmación más allá de los términos en que la habíamos expresado; en este caso debemos pararlo súbitamente y reconducirlo a los límites de lo que manifestamos con un “tanto he dicho y no más”.


ESTRATAGEMA 26. 

El retorsio argumenti [darle la vuelta al argumento] es un golpe verdaderamente brillante. Es decir, cuando el adversario pretende utilizar un argumento para su propia defensa, a la vez también puede utilizarse dicho argumento en su contra. Por ejemplo, si dice: “¡Déjelo en paz!, no es más que un niño; no lo tenga en cuenta”; retorsio: "Precisamente porque es un niño se le debe tener en cuenta, y corregirle”.


ESTRATAGEMA 27. 

Si el adversario nos sorprende mostrándose irritado ante un argumento, debemos utilizar dicho argumento con insistencia, no sólo porque constituye lo más indicado para irritarlo, sino porque es de suponer que se ha tocado la parte más débil de su razonamiento y porque si se sigue por ahí, habrá de obtenerse mucho más de lo que se muestra a simple vista.


ESTRATAGEMA 28. 

Esta estratagema es la indicada para cuando discuten personas doctas ante un público que no o es. 

(…) se arguye con una observación inválida cuya invalidez sólo reconoce el experto. Si bien el adversario lo es, no así el auditorio: a sus ojos, nuestro adversario pasará por ser el derrotado y aún más rotundamente, si la observación que se hizo pone en ridículo de algún modo su afirmación. La gente está en seguida dispuesta a la risa; y si se obtiene el apoyo de los que ríen. (…)


ESTRATAGEMA 30. 

(…) En lugar de razones se usan autoridades a la medida de los conocimientos de nuestro adversario.

(…) tendremos un juego fácil si hay de nuestra parte una autoridad que el adversario respeta. Podrán utilizarse muchas más autoridades cuanto más restringidos sean sus conocimientos y capacidades. Si éstas fueran de primer orden, entonces habría muy pocas o ninguna. Como mucho, aceptará aquéllas a las que se atenga alguien versado en una ciencia, arte u oficio de los que él apenas posea conocimiento alguno, aunque con pesar. La gente en común, en cambio, siente gran respeto por los especialistas de cualquier clase. No saben que quien hace profesión de una cosa ama más el beneficio que de ella obtiene que dicha profesión; además, el que enseña una materia raramente la conoce en profundidad, pues, precisamente, a aquél que la estudia profusamente le sobra poco tiempo para dedicarse a enseñar. (…) 

Las personas no cultivadas sienten un particular respeto por las florituras griegas y latinas. En casos de apuro no sólo puede tergiversarse la autoridad, sino también falsificarse o incluso esgrimir alguna de invención propia, pues la mayoría de las veces el adversario no tiene el libro a mano o no sabe cómo consultarlo. (…) no existe opinión alguna, por absurda que sea, que los hombres no acepten como propia, si legada la hora de convencerles se arguye que tal opinión es aceptada universalmente.

(…) Son como ovejas que siguen al carnero donde quiera que vaya: les es más fácil morir que pensar. Es curioso que la universalidad de una opinión tenga en ellos tanto peso, puesto que pueden observar en sí mismos con qué facilidad se aceptan opinones sin juicio previo por la sola fuerza del ejemplo. Pero no se dan cuenta, pues les falta cualquier tipo de reflexión.


Aquello que se conoce como opinión universal es, si acaso lo examinamos con sumo detalle, la opinión de dos o tres personas; nos convenceríamos de esto si pudiésemos observar su génesis. Nos encontraríamos entonces con que fueron dos o tres personas quienes primero la supusieron o enunciaron y afirmaron, y que, benévolamente, creyeron que la habían examinado a fondo; el prejuicio de suponerles lo suficientemente capacitados para realizar tal examen, indujo, en principio, a otros tantos a aceptar también esta opinión; a éstos los creyeron otra vez muchos más: aquéllos a los que su indolencia les sugirió que era mejor creerlo enseguida que andar haciendo trabajosas comprobaciones. De este modo creció de día en día el número de tales acólitos indolentes y crédulos, pues, al fin y al cabo, la opinión venía respaldada por un buen número de voces que la apoyaban; entretanto, aquéllos que la veneraban atribuyeron únicamente al carácter determinante de sus fundamentos el que hubiese conquistado tal consenso. 

Los restantes se vieron obligados a admitir lo que ya era aceptado en general para no pasar por cabezas inquietas que se rebelaban contra la opinión de la mayoría, o por tipos presuntuosos que pretendían ser más listos que el resto del mundo. A estas alturas el consenso se convirtió ya en deber. De aquí en adelante, los pocos que están capacitados para juzgar se ven obligados a callarse, mientras que aquellos a quienes se permite hablar son precisamente los menos capaces para tener opiniones y juicios propios, y los que, simplemente, se hacen eco de la opinión de otros; por otra parte, éstos son sus más celosos e intolerantes defensores. (…) todos quieren tener opiniones; y siendo así, ¿no será más fácil, en vez de crearlas ellos mismos, tomarlas ya listas de los otros? Ante estos hechos, ¿qué valor de verdad puede tener ahora la opinión de cien millones de personas? 

El mismo que el de un dato histórico que se encuentra en cientos de historiadores y del que después se sabe que lo han copiado unos de otros, por lo que se concluye que al cabo todos se fiaron del testimonio de uno solo. (…)

No obstante, cuando se discute con gente común puede usarse la opinión universal como autoridad.


ESTRATAGEMA 31. 

Cuando no tengamos argumento alguno que oponer a las razones expuestas por el adversario, nos declaramos fina e irónicamente incompetentes: “Lo que usted dice supera mi pobre capacidad de comprensión; probablemente será muy justo, mas yo no acierto a comprenderlo, por lo tanto renuncio a cualquier juicio”.


ESTRATAGEMA 32. 

Una manera rápida de invalidar, o de hacer sospechosa una afirmación que nos es adversa es subsumirla bajo una categoría despreciable con la que pueda tener alguna semejanza. Por ejemplo: “es maniqueísmo esto es arrianismo, esto es pelagianismo, esto es idealismo, esto es espiritismo, esto es misticismo; etc.”. Con lo que suponemos dos cosas: 1) que esta categoría no es nueva para nosotros y 2) que tal categoría ya está absolutamente refutada, y no puede contener verdad alguna.


ESTRATAGEMA 33. 

“Esto podrá ser verdad en teoría, pero es falso en la práctica”. (…)


ESTRATAGEMA 34. 

Si el adversario no responde con precisión a una pregunta o argumento formulado, o bien no toma posición concreta al respecto, y se evade respondiendo con otra pregunta o con algo que carece de relación alguna con el asunto en discusión, es evidente que hemos tocado uno de sus puntos débiles. Entonces, urge mantenerse firmemente aquí, sin soltarlo, más aún cuando no alcancemos a vislumbrar en qué consiste la flaqueza con la que dimos.


ESTRATAGEMA 35.

(…) Cuando se puede hacer saber abiertamente al adversario que si se dejase valer su opinión la consecuencia que se seguiría de ello sería muy perjudicial para sus propios intereses, la soltará enseguida con la misma rapidez con que arrojaría un hierro candente que hubiese agarrado con descuido Por ejemplo: si un clérigo defiende un dogma filosófico y se le hace notar que está en contradicción con un dogma fundamental de su iglesia, enseguida renunciará a mantenerlo.

(…) Lo mismo sucede cuando el auditorio forma parte, como nosotros, de una secta, corporación, sindicato, club, etc., mientras que el adversario no. Por muy justa que sea su tesis, en cuanto anunciemos que va en contra del interés de la mencionada secta, corporación, etc., todos los presentes reprobarán los argumentos del adversario, por óptimos que sean, teniéndolos por débiles y miserables, mientras que los nuestros, en cambio, aunque carezcan de fundamento alguno, se tendrán por justos y acertados; el coro se proclamará a favor nuestro, y el adversario, abandonará el terreno avergonzado. 

La mayoría de las veces el auditorio creerá haber dado su consentimiento por pura convicción, pues aquello que va en contra de nuestros intereses casi siempre le parece absurdo al intelecto.


ESTRATAGEMA 36. 

Desconcertar y aturdir al adversario con absurda y excesiva locuacidad. Esto tiene que ver con que frecuentemente los hombres creen, al escuchar palabras huecas, que se trata de graves pensamientos.

Si el adversario es consciente de su propia debilidad y lo oculta, si está acostumbrado a escuchar cosas que no entiende haciendo como si as hubiese entendido, entonces puede impresionársele si con aire de seriedad y haciendo que parezcan verdades profundas, se le espetan los mayores absurdos como si fueran prueba palpable de lo que se desea defender. Frente a ellos perderá el oído, la vista y el pensamiento.


ESTRATAGEMA 38. 

Cuando se advierte que el adversario es superior y se tienen las de perder, se procede ofensiva, grosera y ultrajantemente; es decir, se pasa del objeto de la discusión (puesto que ahí se ha perdido la partida) a la persona del adversario, a la que se ataca de cualquier manera. (…)

(…) La única contrarregla segura es, por tanto, aquélla que ya Aristóteles indica (…): no discutir con el primero que salga al paso, sino sólo con aquéllos a quienes conocemos y de los cuales sabemos que poseen la inteligencia suficiente como para no comportarse absurdamente, y que se avergonzarían si así lo hiciesen; que discuten con razones y no con demostraciones de fuerza, y que atienden a razones y son consecuentes de ellas; y en definitiva, con quienes sean capaces de valorar la verdad, de escuchar con agrado los buenos argumentos incluso de labios del adversario y que posean la suficiente ecuanimidad como para admitir que no tienen razón cuando la otra parte la tiene. De esto se deduce que de entre cien apenas si hay uno con el que merezca la pena discutir.

“Se valora más la paz que la verdad”
– Voltaire

“Los frutos de la paz penden del árbol del silencio”
– Dicho árabe.

“¡Pégame pero escúchame!”
– Temístocles


A menudo la discusión ya que se trata de una “colisión de cabezas”, es de mucha utilidad para ambas partes, pues sirve para la rectificación de las propias ideas y, además, para proporcionar nuevos puntos de vista. 

Si bien, ambos contrincantes deben estar igualados en cuanto a cultura e inteligencia. Si a uno de ellos le falta la primera, no entenderá todo, no estará au niveau [a la misma altura]. Si le falta la segunda, el rencor que sentirá por ello le instigará a actuar deslealmente, con astucia o grosería".


Arthur Schopenhauer