jueves, abril 28

Fidelidad

"La lealtad o fidelidad al otro no ocurre en su presencia, ocurre en la ausencia. ¿Te das cuenta? Quienes no saben lidiar con la ausencia están imposibilitados a la fidelidad. 

En una época de parejas sustitutas o “ganado” en donde no se hace duelo, hacer duelo es también un trabajo de fidelidad".

miércoles, abril 27

El abandono del silencio

"La angustia del abandono tiene que ver con el silencio, en el apego solamente tenemos la presencia del otro, el aspecto más básico, más elemental, por eso muchas personas están familiarizadas simplemente con que el otro esté aunque esto no represente una presencia que favorece un vínculo. Los niños empiezan a experimentar terror cuando no ven la presencia de sus cuidadores, entonces no saben explicarse, no saben hablar, no pueden definir los sentimientos, solo les queda gritar, clamar y llorar. Conforme a los niños se les habla van interiorizando las palabras del otro, las palabras del otro comienzan a vivir dentro de cada individuo, las palabras nos constituyen y aquello que se nos habla es lo que hablamos y así cuando hablamos nos hacemos acompañar de quienes nos han hablado, las palabras vivas del otro nos hacen tolerar y lidiar con la angustia de la ausencia, podemos simbolizar la presencia del otro gracias a sus palabras. Por eso la principal señal de una relación rota es que los que integraban la pareja ya no se hablan".

viernes, abril 15

El propósito

"[...] Silencio. Karras volvió a hablar:

— Decimos que el demonio... No puede afectar la voluntad de la víctima.

— Sí, así es... así es... No hay pecado.

— Entonces, ¿cuál es el propósito de la posesión? — preguntó Karras con el ceño fruncido —. ¿Qué sentido tiene?

— ¿Quién lo sabe? — respondió Merrin —. ¿Quién puede tener la esperanza de saber? — Pensó un momento. Después continuó sondeando —. Pero yo creo que el objetivo del demonio no es el poseso, sino nosotros... los observadores... cada persona de esta casa. Y creo... creo que lo que quiere es que nos desesperemos, que rechacemos nuestra propia humanidad, Damien, que nos veamos, a la larga, como bestias, como esencialmente viles e inmundos, sin nobleza, horribles, indignos. Y tal vez ahí esté el centro de todo: en la indignidad. Porque yo pienso que el creer en Dios no tiene nada qué ver con la razón, sino que, en última instancia, es una cuestión de amor, de aceptar la posibilidad de que Dios puede amarnos...

Merrin hizo otra pausa. Prosiguió más lentamente, abriendo su alma a un susurro.

— Él sabe..., el demonio sabe dónde atacar... Hace mucho tiempo que me sentía desesperado por no poder amar a mi prójimo. Ciertas personas... me repelían. ¿Cómo poder amarlas?, pensaba. Y eso me atormentaba, Damien; me llevó a desconfiar de mí mismo... y, partiendo de aquí, desconfiar de mi Dios. Se hizo añicos mi fe...

Interesado, Karras levantó sus ojos hacia Merrin.

— ¿Y qué pasó? — preguntó.

— Pues que, al fin, me di cuenta de que Dios nunca me pediría aquello que me es psicológicamente imposible, que el amor que ÉL me pedía estaba en mi voluntad y no quería decir que debía sentirlo como una emoción. En absoluto. Me pedía que obrara con amor hacia los demás, y el hecho de que lo hiciera con aquellos que me repelían, era un acto de amor más grande que cualquier otro. — Movió la cabeza —. Sé que todo esto debe parecer muy obvio, Damien. Lo sé. Pero entonces no alcanzaba a verlo. Extraña ceguera. ¡Cuántos maridos y mujeres — exclamó con tristeza — creerán que ya no se aman porque sus corazones no se conmueven al verse! ¡Ah, Dios querido! — movió la cabeza afirmativamente —. Damién, ahí radica la posesión; no tanto en las guerras, como algunos quieren creer; y muy pocas veces en intervenciones extraordinarias como ésta... la de esta niña... esta pobre criatura. No, yo lo veo mucho más a menudo en cosas pequeñas, Damien; en los mezquinos o absurdos rencores, en las equivocaciones, en la palabra cruel e insidiosa que las lenguas desatadas lanzan entre amigos. Entre amantes. Unas cuantas de estas cosas — susurró Merrin —, y ya no es necesario que sea Satán el que dirija nuestras guerras, pues las dirijimos nosotros mismos... nosotros mismos...

Aún llegaba el canto del dormitorio. Merrin miró hacia la puerta y escuchó un momento.

Y, sin embargo, incluso de esto, del mal, vendrá el bien. De algún modo. De algún modo que nunca podremos entender, ni siquiera ver. — Merrin hizo una pausa —. Y tal vez el propio Satán, a pesar de sí mismo, sirva de alguna manera para cumplir la voluntad de Dios. [...]"


William Peter Blatty

lunes, abril 11

La gran totalidad

"...Tenemos conocimiento del orden, la constancia y la perpetua renovación del mundo material que nos rodea. A pesar de que cada una de sus partes es frágil y transitoria, y que son inquietos y migratorios sus elementos, sin embargo, perdura. Está sometido a una ley de permanencia, y aunque muere una y otra vez, siempre vuelve a la vida. La disolución no hace más que dar nacimiento a nuevos modos de organización, y una muerte es la madre de mil vidas. Por lo tanto, cada hora es sólo un testimonio de cuán efímera y, sin embargo, segura y cierta es la gran totalidad. Es como una imagen en el agua, que siempre es la misma, aunque el agua fluya constantemente. El sol se esconde para levantarse de nuevo, el día es engullido por la oscuridad de la noche, para nacer de ella, tan puro como si nunca se hubiera apagado. La primavera se convierte en verano y, a través del verano y el otoño, en invierno, para retornar, con mayor seguridad, a triunfar sobre esa tumba hacia la cual se ha acercado rápidamente desde su primera hora. Nosotros lloramos los capullos de mayo porque se van a marchitar, pero sabemos que mayo es un día que se vengará de noviembre, por la rotación de ese solemne círculo que nunca se detiene, el cual nos enseña, en la cúspide de nuestra esperanza,  que hemos de ser siempre equilibrados y que, en la profundidad de la desolación, no debemos desesperarnos nunca".

William Peter Blatty

El exorcista - IV - 1