sábado, noviembre 17

El beso de la mujer araña

« Él le dice que ésa es la última pieza que va a tocar la orquesta, que ya es hora de quitarse el antifaz. Ella le dice que no, la noche debe terminar sin que él sepa quién es ella, y sin que ella sepa quién es él. Porque nunca más se volverán a ver, ése ha sido el encuentro perfecto de un baile de carnaval y nada más. Él insiste y se saca el antifaz, es divino el tipo, y le repite que ha estado toda su vida esperándola y ahora no la va a dejar escapar. Y le mira a ella un anillo solitario fabuloso que tiene, y le pregunta si eso significa algo, un compromiso sentimental. Ella contesta que sí, y le pide que la espere afuera en el coche de él, mientras ella va al tocador a empolvarse y rehacerse el maquillaje. Es el minuto fatal, porque él sale y la espera y la espera y ella nunca más aparece. Bueno, la acción pasa a la capital de México, y se ve que el muchacho trabaja como reportero en un gran diario de la tarde. ¡Ah!, porque me olvidé decirte que mientras bailan ella dice que esa pieza es preciosa, y qué lástima que no tenga letra, y ahí él le dice que es medio poeta. Y entonces está él una tarde ahí en la redacción del diario, que es un bochinche bárbaro de gente que entra y sale, cuando ve que están preparando un artículo bastante escandaloso, con muchas fotos, sobre una actriz y cantante que hace un tiempo se ha retirado, y que vive protegida por un poderosísimo hombre de negocios, un magnate temidísimo, medio mafioso, pero del que no dan el nombre. Y al ver las fotos el muchacho se queda pensando, esa mujer hermosísima, que empezó su carrera en teatros de revistas y que después se volvió estrella dramática de gran éxito, pero por muy poco tiempo, por que se retiró, bueno, esa mujer le resulta conocidísima, y cuando le ve en una foto la mano tomando champagne con un solitario rarísimo, ya no le queda duda de quién es  »
 
 
Manuel Puig