jueves, diciembre 20

La princesa y el lirio blanco

« Erase una vez vivía una princesa muy joven, querida por todos. Sus pequeñas manos semejaban pétalos de rosa y sus pies eran diminutos, como blancos pétalos de lirio. Era muy delicada y sensible-lloraba a la menor provocación. Ciertamente no era reprendida por ello, pero su familia no aprobaba tal conducta tampoco. Has de comportarte como una mujer, le decían su madre, padre y abuela. Esta actitud sólo conseguía herir los sentimientos de la princesa aún más y hacer que llorara de nuevo. Sin embargo, llegó un momento en que el príncipe llegó a conquistar a la princesa, tal como el destino prevé que haya de ser. El príncipe era alto, guapo y amable. Todos en el reino estaban de acuerdo. Ambos dieron muchos paseos, bailaron juntos y la princesa-algo que para ella era desconocido-tejía guirnaldas de flores en el prado para el príncipe y para sí misma, guirnaldas de color azul como los ojos del príncipe. El príncipe y la princesa se desposaron, tal como el destino establece que haya de suceder, y tras ser declarado el noviazgo, el príncipe regresó a su propio reino. La princesa se quedó en casa y comenzó a llorar. Todo el mundo desaprobaba este comportamiento, incluso fue llamado un doctor. El médico habló con la princesa e inesperadamente no le prescribió sedantes sino pastillas para el dolor. Porque, a causa de los frecuentes bailes y paseos, sus tiernas manos y sus pequeños pies se habían irritado sobremanera, llegando a sangrar dolorosamente. Pasó el tiempo, el día de la boda se acercaba, pero la novia seguía llorando, sentada en la cama, con sus pies y manos vendados. No podía caminar ni sostener una simple taza de té: era alimentada por su vieja nodriza. El médico, sin embargo, predijo con optimismo que iba a sanar antes de la boda y dijo que la princesa era extremadamente delicada y sensible, tal vez como fruto de una crianza inadecuada, pero que tan pronto como el príncipe volviera, ella se levantaría y danzaría, tal como solía hacerlo. Todo es psicológico, dijo el doctor y pidió que se le administraran de momento las mismas pastillas. Entonces la vieja nodriza reunió unas fotos de la princesa y fue a ver a un hechicero. Éste le dio una respuesta enigmática: El que ama, lleva el amor en sus brazos. Esta frase se convirtió pronto en leyenda. Desde que era un bebé, todo el mundo había amado a la princesa »
 
Lyudmila Petrushevskaya